Tres pájaros se posaron en mi ventana y me dijeron que no había necesidad de preocuparme, que todo saldría bien. Les hice caso y salí a la calle con mi chubasquero y botas de agua. Pensé y pensé en lo tonta que fui por no haberme dado cuenta antes. Poco a poco me iba encaminando hacia ningún lugar y me quité la capucha que tanto me asfixiaba dejando así que la lluvia empapara mi pelo. Llegué hasta un prado verde cruzando un río por la mitad, alrededor estaba lleno de árboles que rodeaban todo formando un círculo. En medio de todo eso estaba Él, sentado de espaldas hacia a mi. Me acerqué lentamente y el se giró sonriendo mientras preguntaba que por qué había tardado tanto. No pude estar más agradecida a esos pájaros que un día se posaron en mi ventana.
E.